Me gusta la carne, una buena hamburguesa, una barbacoa con los amigos, los platos tradicionales que me llevan a mi pasado… lo reconozco, la carne roja tiene un sabor diferente a todo, es fuerte y sabroso, recuerdo de pequeña que cuando iba a un restaurante con mi familia, siempre me pedía para comer costillitas de cordero lechal fritas con ajos, hoy prefiero casi ni recordarlo cuando pienso en la palabra “lechal” me parece una barbaridad.
Hemos reducido muchísimo el consumo de carne en casa de una forma progresiva y solo comemos pollo o pavo, hemos dejado de consumir progresivamente el resto de carne en casa, primero le dijimos adiós al conejo, luego al cordero y finalmente a la carne de vacuno, esporádicamente comemos carne de cerdo, sobre todo en platos tradicionales de aquí y algún embutido como la sobrasada.
Cuando nos reunimos con la familia, amigos o vamos alguna fiesta comemos lo que hay y disfrutamos de comer esa carne roja, de su sabor y placer, lo tomo como una dosis terapéutica que me nutre el alma.
Desde que entro la conciencia a mi cuerpo, a mi vida y a mi casa, fue cuando empecé a ver todo el problema que había con el “sobreconsumo de la carne” y todo lo que había detrás, intereses, dinero… y no pude evitar empezar hacer cambios.
Es muy urgente y necesario que todos sepamos que el sobreconsumo de carne no solo afecta a nuestra salud y a la vida de los animales, sino que afecta muchísimo a nuestro planeta.
Comer menos carne y comer más producto “vivo” es una responsabilidad de todos, no se trata solo de lo que comes, sino del impacto que tienes en el mundo.
Reducir el consumo de carne es un acto de amor por el planeta, en este mundo donde las decisiones que tomamos a diario impactan directamente a nuestra salud y a nuestro planeta, hay mucha falta de conciencia y poca gente entiende lo que supone comer día sí y día también un plato de carne.
Es crucial reflexionar sobre las actuaciones que cada uno podría hacer para mejorar, mucha gente dice igualmente lo que yo haga de forma individual no cambiará nada…. ¡¡Error!! Porque si todos pensáramos así, nadie haría nada, pero… ¿y qué pasaría si toda esa gente que piensa de forma individual sí lo hace? todo empezaría a cambiar y no, no es todo de un día para otro, pero es un movimiento que no debe parar. Un simple cambio de cada persona en nuestros hábitos diarios puede marcar rotundamente la diferencia.
Se oye hablar de la huella ambiental que hace referencia a las deforestaciones, a las emisiones de gases de efecto invernadero, pero solo se oye ¿verdad? Como una historia que te cuentan tipo leyenda…. ¿sabes que tan solo un kilo de carne de vacuno puede generar tantas emisiones de carbono como conducir un automóvil durante cientos de kilómetros? Ahí lo dejo.
Hablemos de la deforestación y la pérdida de la biodiversidad; es tan grande el apetito insaciable de comer carne que nos ha llevado a la destrucción masiva de bosques pera poder crear tierras de pastoreo y cultivos de alimentos para el ganado a pesar de lo que suponga, que perdamos la biodiversidad, que afecte a la flora y a la fauna que dependen de sus hábitats naturales, pero esto, ¿no sale en los telediarios verdad?
Alguno que otro se atreve a decirlo por las redes pero a esos les llaman locos…. podría seguir hablando del desmesurado consumo de agua que se necesita para criar al ganado, del maltrato y la crueldad animal y las condiciones en que viven muchos de los animales, los engordes forzados, las vacunas desmesuradas, las modificaciones genéticas que se les hacer para “agradar más al consumidor”, de la contaminación del agua y suelos por los productos químicos y las heces… y podría seguir y seguir escribiendo, si te ha tocado la campana todo esto, no me creas a mí y busca información, pero no en una página de un supermercado o de una de las industrias de carne ¿ok?
Y todo esto por el “sobreconsumo” que entre todos colaboramos día a día.
Reflexiona sobre ello, revisa cada cuando comes carne, si es necesario meterla hasta en la sopa, que puedes hacer tú para mejorar la situación, donde compras la carne….
Lo ideal sería reducir el consumo de carne y comprar siempre carne ecológica, y sí, no es fácil, no hay que volverse loco, pero poco a poco se puede mejorar y mucho.
Es hora de hacer cambios, es hora de tomar conciencia por amor a nosotros, por amor a la tierra que llamamos hogar.
Hay un mundo de sabores, colores y texturas más allá de la carne, sin tener que sacrificar a un animal todos los días a todas horas, solo tienes que descubrirlo.
Comer más verde no es una moda, es un movimiento, uno que viene para quedarse y para pisar bien fuerte, y tu qué… ¿Te unes al movimiento?